martes, 27 de junio de 2017

De azul a rosa



María Teresa Marlasca Orea

Por la presente AUTORIZO a que la obra de mi autoría con título “DE AZUL A ROSA” que presento en el XIV CERTAMEN DE LA AGRUPACIÓN CULTURAL “CARMEN MARTÍN GAITE”, sea publicada en el blog de la Agrupación.   Barberà del Vallès, 03 junio de2017    


DE AZUL A ROSA

Amontonados y con cierto orden, a su parecer, iba acumulando libros, discos, álbumes de fotografías, cuadernos papeles sueltos sin encuadernar ni grapar a los que tras una ojeada depositaba en el montón correspondiente.


Se había propuesto desempolvarlo todo y hacer una buena criba de aquellos “papelotes”. En fin, desechar de aquel cúmulo de escritos, notas, cartas y… papeles sin interés. Aunque en su momento fueron importantes.
Empezó removiendo el armario tenía la convicción de que llenaría aquellas dos grandes bolsas. Al principio inspeccionaba ligeramente lo que extraía del mueble y lo depositaba, la mayoría de las veces, en una de aquellas bolsas, pero a medida que despojaba el armario de sus más preciados secretos, le embargaban los recuerdos.
Cesó un instante en su labor, se llevó las manos a la cabeza, recogió su larga cabellera trenzándola. Miró a su alrededor algo desalentada. ¿Tanto se podía guardar en aquel armario?, sonrió al vacío y afirmó con la cabeza.
Cuanto tiempo llevaba envuelta en aquel “trajín”, se pregunto, mucho se contestó a si misma, se recriminó por el retraso. “A éstas alturas…”, En una de aquellas bolsas descansaban ya olvidados y con la certeza de su extinción definitiva algunos papeles y la otra permanecía inalterable a su lado.
¡A estas alturas…quedaba tanto por hacer! Inquieta miró el reloj que estaba sobre el escritorio, pasaban dos horas del mediodía.
No tenía apetito, consideró oportuno demorar la comida un poco más, una interrupción en ese momento retrasaría el final de su objetivo, le dictó su sentido crítico y calculador. Definitivamente vaciaría las dos estanterías que aún estaban intactas, limpiaría el armario y después se prepararía la comida.
Sin entretenerse ni interesarse en revisar nada, amontonó el contenido de las estanterías, limpió los travesaños del mueble y seguidamente abandonó la sala dirigiéndose a la cocina.
El cocinar no era una de sus pasiones, el comer tampoco, aquel día no esperaba a nadie por lo que se preparó un ligero tentempié.
El tibio sol de febrero caldeaba la pared trasera de la casa, un pequeño refugio al amparo del frío invernal, allí sentada en una de las confortables mecedoras del jardín a la que había inclinado el respaldo, saboreaba sorbo a sorbo el amargo líquido de una humeante taza de café.
El ímpetu de la mañana por hacer “limpieza” se había disipado, pero se había hecho a la idea de dedicar el día a dejar arreglado y en orden aquel mueble, por lo que a pesar de encontrarse tan a gusto sentada tomando el sol, una vez hubo acabado el café, que dicho sea de paso, alargó considerablemente y a conciencia consumiéndolo a pequeños sorbitos, no importándole que estuviera frío, se dirigió decidida y casi con prisa a la habitación.
Cuando abrió la puerta de la sala respiró profundamente, tragó saliva y se enfrentó a aquellos “montones seleccionados”.
Empezó por los libros limpiando la fina capa de polvo del exterior y revisando y alisando cualquier página arrugada, uno por uno, los fue colocando por orden de materias, le siguieron los discos, todos de vinilo, que al igual que sus antecesores eran aseados y leídos sin tomar conciencia ni guardar su nombre en la memoria. En aquel momento no le despertaba ningún interés.
Tomó un LP al azar y lo colocó en el plato del tocadiscos, enchufó el aparato y el disco empezó a girar. La melodía que salía de los amplificadores inundó la estancia y el mensaje de la letra era recitado por ella junto al cantante formando un dúo poco armónico.
El mueble lentamente volvía a recuperar los bienes extraídos. La madera reflejaba notoriamente la parte que delimitaba la zona que había estado ocupada de la parte libre.
La estantería presentaba dos tonos diferentes a pesar de ser la misma pieza de madera. Más brillante el que ocultaba los libros como si a la vez de tener el designio de protegernos ante la ignorancia, también protegieran al mueble ante el paso del tiempo.
Finalmente, libros y discos volvieron a su sitio. Resopló sutilmente, se alejo del mueble comprobó la colocación y aprobó su trabajo.
Inmediatamente siguió con aquellas dos cajas donde se aprisionaban una considerable cantidad de tarjetas postales. Ciudades importantes, paisajes bucólicos, lugares exóticos, paradisíacas playas…, unas recibidas de familiares o amigos, otras auto enviadas de territorios visitados en los que además de las propias fotografías te regalas con una tarjeta de fiel reproducción impresa con el afán de recoger, absorber y poseer la belleza del lugar.
Abrió una de ellas. Bueno, se dijo complacida, no había mucho que ordenar, ya estaban clasificadas por países y separadas entre si por gomas elásticas, las observó sin desligarlas y volvió a introducirlas en su embalaje, la otra caja solo la destapó y vio que al igual que su compañera todo estaba en perfecto orden y bien ajustado, limpió el polvo de ambas y las introdujo en su lugar de origen. El pequeño tesoro del mundo en papel volvía a descansar en el olvido hasta nueva exploración de revisión por curiosidad, pulcritud y purificación.
Finalmente solo quedaba aquel montoncito de papeles sueltos y cuadernos a medio usar. No le llevaría mucho tiempo, pensó animada por la proximidad del final de su tarea. La melodía que emitían los altavoces había ido cambiando más de un disco ahora en el plato rotaba a 33rpm, la cara B de una recopilación de románticos boleros.
Hacía bastante tiempo que la luz artificial de la sala iluminaba la estancia. El fulgor crepuscular del sol había dejado de filtrarse por los grandes ventanales. El ocaso del día se produciría en breve.
Súbitamente la música dejó de sonar, retiró el disco del plato y el silencio reinó en la sala, María se percató de la intensidad de aquel mutismo y sintió una profunda soledad, se apresuró a poner un nuevo disco y en breve la música absorbió el murmullo del silencio.
Tomó entre sus brazos el montoncito de cuadernos, hojas con apuntes, pequeños papeles sueltos y los extendió sobre la alfombra, se sentó entre ellos y aproximó hacia sí la bolsa de plástico.
Empezó por los papeles sueltos, leía y arrugaba unos y los depositaba en el saco, otros los colocaba entremezclandolos para archivarlos por orden de fechas. Estos últimos correspondían a pequeños escritos y anotaciones esporádicas, bien datadas, de posibles proyectos de trabajo que quizás algún día pasarían de ser una realidad.
Siguió por los cartapacios y entre ellos escogió uno con pastas rojas y espiral encuadernado al revés Lo abrió. Revisó y acompañó sus hojas pasándolas lentamente y recreando su mirada en cada detalle. El álbum mantenía la tónica de archivo.; lo más antiguo al fondo la más reciente encima, se detuvo y observó reminiscente. En una de las páginas aparecía la fotografía de un niño de delicadas facciones en el día de su Primera Comunión vestido con un traje especial para el evento – en la época era costumbre vestir a los niños de militares, ya fuera de la Marina o de otras Ramas del Ejercito u Ordenes de Hidalgos y a las niñas de Novias en miniatura -, aparecía el chiquillo con un flamante traje de color hueso con chatarreras doradas y en el pecho, al lado izquierdo, la magnifica enseña de “Caballero de la Orden de Santiago”. El chico con cara angelical mirando al infinito, sostenía entre sus manos un rosario de cuentas de marfil y un misal nacarado.
Siguió pasando páginas, las fotos eran siempre del muchacho, unas veces solo y otras en compañía de familiares todas ellas datadas cronológicamente. A pie de foto se leía su nombre Mario. Siguiéndolas se podía comprobar la evolución de aquel niño a muchacho que a pesar del tiempo mantenía aquellos finos y delicados rasgos.
La última foto añadía al nombre la edad del personaje “23 años” y unida a ésta, otra con la misma inscripción “23 años”, pero el nombre cambiaba y en la escritura se leía “María”.
Aquella fue la primera vez que dejó plasmada su tendencia, su instinto, su personalidad, su alma. En definitiva, su ser.
Tras mucho tiempo de lucha interna, ansiando e intentando con todas sus fuerzas y sin poder lograr “seguir el buen camino” como le había dicho su padre en una conversación, desde la cual, sus relaciones se habían ido enfriando y aunque abatido por la angustia que había producido en su madre que cada vez que le miraba, le había hecho sentirse culpable de un brutal delito por no ser como “los demás” y “querer destacar en todo desde pequeño” y que ”ahora que había terminado sus estudios y podría triunfar como otros de la familia, no se le ocurría otra cosa que sacarse de la manga esa “extravagancia”, había sentenciado la sorprendida y disgustada mujer. Decidió resolver la situación.
Desde 1973, la comunidad científica internacional considera que la homosexualidad no es una enfermedad. Sin embargo, la situación legal y social de la gente que se autodenomina homosexual varía mucho de un país a otro y frecuentemente es objeto de polémicas, de juicios absurdos y ridículos agravios burlescos y ofensivos desoyendo a todos y siendo fiel a su percepción y condición de si mismo, tomó la difícil aunque para él/ella la más acertada decisión.
A los 23 años se sometió a la intervención quirúrgica para cambio de sexo y Mario pasó a ser María.
Trascurridos algunos años, las aguas volvieron a su cauce, sus padres aceptaron lo inevitable. La vergüenza que en un principio les produjo su determinación se fue desvaneciendo con el tiempo y finalmente acabaron respetando su decisión.
La madre que en su fuero mas interno anhelaba que su hijo formara una familia convencional y tener nietecitos que cuidar, al igual que sus amigas - era hijo único - se resignó. El padre renunció a las frecuentes peleas que lo único que hacia era alejarlo cada vez más de su querido hijo, a quien empezó a comprender posteriormente a respetar y finalmente a admirar.
Aquella alteración de su estado físico le acarreó más de un problema, rechazo social, alejamiento de amistades de las que no habría dudado nunca su lealtad y por supuesto exclusión laboral.
Se vio obligado a dejar su trabajo como asesor fiscal en una importante empresa, “no hay mal que por bien no venga”, dice el refrán, este desprecio le aparto de la sociedad pero no se abandono a la desesperanza ni el desaliento, todo lo contrario lucho ante la adversidad y esto le permitió dedicarse a lo que siempre le había gustado, de modo que como queriendo recuperar el tiempo perdido, fue llenando inmaculados lienzos de campiñas, marinas, retratos… Oleos pintados con frenesí que almacenaba sin buscarles un destino pero que no tardaron en ver la luz.
Desde hacia unos años las galerías de arte se habían interesado por su obra y se multiplicaban las exposiciones. Sus cuadros se vendían bien, los críticos alabaron su técnica, el público admiraba sus obras.
Y lo mejor de todo, nadie se interesaba ni preguntaba por sus inclinaciones sexuales. Lo importante era su oficio y por consiguiente el resultado; la ejecución de su arte.
María seguía contemplado aquellas dos fotografías de más de quince años atrás, dos seres tan unidos y a la vez tan distantes. La misma persona, los mismos sentimientos, las mismas vivencias pero que físicamente eran como la cara y la cruz de una moneda. Pasó la mano, emulando una caricia, por las jóvenes imágenes captadas por la cámara, cuando cerró los ojos una leve humedad se unió a sus pestañas, suspiró profundamente, emocionada estrecho ambos retratos contra su pecho, una lagrima furtiva rodó por su mejilla. Desde el tocadiscos llegaba la música, che gelida manina invadía la habitación.

Thessy Maror

domingo, 24 de julio de 2016

Media porción de cien pesetas

Titulo.: MEDIA PORCIÓN DE CIEN PESETAS
Seudonimo.: Thessy Maror
Nombre.: Maria Teresa Marlasca Orea

Por la presente AUTORIZO a que la obra de mi autoria con titulo “MEDIA PORCIÓN DE CIEN PESETAS” que presento en el XIII CERTAMEN DE LA AGRUPACIÓN CULTURAL “CARMEN MARTÍN GAITE”, sea publicada en el blog de la Agrupación.

... “Yo no traigo ni llevo chismes. Ni soy una chivata”...
... “Prueba a buscarme dentro de treinta años con esa contraseña. Entonces te contaré todo lo que recuerde”.
Como el camarero no respondía, el caballero volvió a formular la pregunta.
Está por aquí la Trotona? –dijo con voz altisonante a la vez que colocaba sobre el mostrador la mitad de un billete de cien pesetas.
A la vista de clientes y curiosos estaba la sensual cara de La Mujer Morena, que el pintor eternizó y cuyos ojos se clavaban como puñales en la vista de quien los miraba.
El silencio se podia masticar, la leyenda habia sobrevivido tres decadas y como ocurre en los relatos populares en el traspaso de boca/oreja se habia incrementado con algún que otro chascarrillo que hacian del relato una morbosa historia.
Cual es su gracia? - atinó a decir Jacinto, unicas palabras que se le ocurrieron y que formuló con la intención de ganar tiempo hasta planear como debia ser su proceder en tan arriesgado momento.
No tengo gracia, contesto arisco perdiendo el halo de caballerosidad con el que habia entrado al local.
Los mas descarados rieron aunque sin hacer ruido para no molestar al extraño, otros se encongieron de hombros analizando las palabras por la doble interpetración que brindaba la respuesta. Efectivamente al hombre no se le veia muy gracioso.
Quire tomar un machaquito?, siguió diciendo Jacinto sin pestañear, a la vez que colocaba una copa sobre el mostrador. El hombre le miró sin responder, parecia que no hubiera entendido la pregunta.
En el fondo del local, se estaba formando un pequeño grupo de trapicheantes, las apuestas estaban subiendo por segundos, lo que se apostaba era de un valor inmaterial però allí se traficaba con monedas de euro contantes y sonantes que pasaban rápidamente de una mano a otra. Jacinto vio el torbellino de asiduos clientes que se estaba formando bajo el cartel de Feria del año 1968 que junto a la foto de La Cantaora formaba parte de la decoración de la esquina y mandó inmediatamente a su joven ayudante a que echara un ojo al corro y le informara de lo que allí se acontecia.
Aunque no recibio respuesta Jacinto llenó la copa con Orujo de Hiervas, automaticamente el desconocido levantó la copa y sorbio un buen trago de la selecta bebida.
El muchacho regreso enseguida, no sin antes hacer su propio depósito con la elección de su apuesta.
Que Luisito de que va la cosa? Inquirió el camarero.
Nada Jacinto, que estan tratando un tema con dos posibilidades –dijo el joven que siempre le costaba Dios y ayuda explicar una situación, el zagal era algo retorcido en su dialèctica, acostumbraba a irse por las ramas y alargar sus explicaciones con frases absurdas y buscando una especie de intriga a sus comentarios.
Al grano Luisito que no tengo todo el dia para cabalas, no te disperses y dime que pasa.
Nada, que hay una controvèrsia y se estan afinando las posturas.
Jacinto miró de reojo al hombre que seguia abstraido saboreando la copa.El trozo de billete de cien seguia sobre el tablero, però ahora mostraba la cara Julio Romero.
Mira Luisito el que se tiene que afinar eres tu, no te vayas enredando con las palabras y dime brevemente cual es esa controvèrsia – Jacinto se estaba empezando a cabrear, aquel zoquete le sacaba de sus casillas, si no fuera por la promesa hecha al padre del zagal y lo servicial que era el muchacho, ya lo habria enviado a su pueblo.
Una apuesta Jacinto, que va a ser –aclaró finalmente el muchacho
Mecagoenla... –dijo Jacinto a la vez que sacaba un billete de 20 € del bolsillo del pantalon.
Anda Luisito ves al corro y haz mi apuesta.
Voy enseguida. A cual de las dos postures?.
A las dos hombre, a las dos, diez euros a cada una, así seguro que gano.
El grupo de jugadores seguian su frenètica subasta, Luisito se hizo sitio en el centro del grupo y pujó por su patron. No por un gesto de empatia con su jefe sinó por el desasosiego que habia empezado a sentir despues de las palabras de Jacinto de que si apostaba por las dos opciones seguro que ganaria y dado que su jefe era su referente y mentor, el muchacho apoquino una nueva puja aunque doliendole en el alma tener que desprenderse de los últimos dos euros
que le quedaban en el bolsillo. Satisfecho y esperanzado en que recuperaria el dinero invertido se aparto del grupo y siguio con sus quehaceres.
La puerta del establecimiento se abrió bañando el local con una oleada de luz solar, a pesar del guirigay que reinaba en el recinto, las cabezas se giraron hacia la entrada y el silencio mas absoluto se hizo dueño del lugar.
En ese instante, el repiqueteo de unos tacones al andar fué el unico sonido que se percibió, hasta la respiración de los asistentes dejo de oirse, Jacinto trago saliba y la nuez de su garganta osciló de arriba a abajo, Luisito abrió los ojos como platos y mas de uno tenia la boca entreabierta observando a la recien llegada, sus pasos la dirigieron justo al lado del foraneo. Ladeo un taburete y se sentó junto a él.
Ponme una copita de anis Jacinto –dijo la recien llegada.
Jacinto sintió el corazón latir en su garganta y aunque trató de disimular su nerviosismo, cuando escanció el anis en la copa, las ultimas gotas cayeron en el mostrador, resuelto pasó un paño por la tabla y con ello quiso borrar su aturdimiento però los allí presente que nuevamente se habian concregado en la barra y apiñado alrededor de la pareja se pudieron dar cuenta de que Jacinto se sentia mas pillado que un pez en la red del pescador, però todos se mantuvieron callados, ninguno se movió, nadie pestañeó y ni siquiera Luisito hizo intención de ayudar a su patron.
Poco a poco se fue distendiendo la situación y nuevamente los parroquianos volvieron a su cotidianidad, ya no habia corrillo al fondo del bar, las transaciones habian terminado y solo faltaba el desenlace de los acontecimientos para saber cual de las apuestas habia vencido.
Casi se habian olvidado de la Rubia cuando ésta se bajó del taburete y con gran parsimònia y exhibiendo su hermosa figura se dirigio a la màquina de discos, su melena dorada colgaba sobre sus hombros y el repiqueteo de sus tacones volvio a resonar en el recinto. Hiizo su selección y la canción emergio del aparato llenando con su melodia el local.
Volvió junto al extraño con la misma cachaza, los zapatos resonaban como un acorde mezclandose con la música, se sentó en el taburete y sacó de su bolso media porción de un billete de cien pesetas, lo colocó en el tablero y comenzó a tamborilear con los dedos sobre la madera. La musica seguia su ritmo y la letra desgarraba el sentido.
El hombre cogió los trozos y juntó las dos mitades que encajaban perfectamente
Y bien? –pregunto él.
No se nada, me lo dió mi abuela y me dijo que algun dia vendria un gachó con la otra parte, y de todo aquello que habló con el periodista quedaba entre ellos, que ella no era chivata y que lo pasado pasado està.
La musica seguia sonando, el murmullo del parloteo se habia dispersado y en un acuerdo no escrito un rumor de voces tarareaban la melodia.
La pareja se volvio hacia el coro, levantaron sus copas vacias, pero Luisito atento a la situación a dos manos vertió un buen chorro de anis y orujo de hiervas en las respectivos vasos, ambos sonrieron al muchacho, chocaron los cristales y bebieron de un solo trago su contenido y se unieron a las voces.
... PERO LA VERDAD DEL CUENTO AY JESUS DE LOS TORMENTOS! LA SABEN LA LIRIO Y DIOS ...
Thessy Maror

viernes, 9 de noviembre de 2012

Mujer, tú mueves el mundo


Por medio de la presente autorizo a la Agrupación Carmen Martín Gaite, la publicación – en su blog o donde tengan a bien – del poema de mi autoría titulado: Mujer, tu mueves al mundo.
  
Firmado:  Adelfa Martín



Ve despacio, no bajes la mirada
siente que eres la reina y no la esclava
levanta tu cabeza, mira a lo alto
que tienes en tu alma sangre brava

Eres mujer y eso lo dice todo
viniste al mundo para donar vida
para dejar huella y borrar odios
y alimentar en el hombre su valía

Mujer se dice fácil, es solo una palabra
que encierra mil secretos y habla de aguas claras
de miles de deseos colgados de balcones
que los hijos adornan con sueños y esperanzas

Orgullo sin soberbia deberá ser esencia
y el estandarte vivo de todas tus acciones 
Tiendes tu mano izquierda buscando soluciones
y con derecha firme das amor...y paciencia

Si el hombre no te ve como eres realmente
y pretende marcarte como marca el ganado
debes decir un no, y dejarlo de lado
pues no es esa la persona que tu tuviste en mente

Eres muy especial desde el día que naces
los hados te han colmado de grandes bendiciones
el llevar en tu vientre a las generaciones
te hace diferente, y tu muy bien lo sabes

Cuando entregues tu amor, siempre mira a lo alto
pensando que mereces el mejor de los hombres.
Quien en verdad te quiere no te inspira temores
te ofrecerá su hombro donde secar tu llanto

Conoce tus derechos
apóyate en la gente
pide ayuda si sientes
que ha llegado el momento

Aléjate muy presto
de quien quiera imponerte
sus deseos a fuerza
diciendo que te quiere
Ese amor enfermizo
no es amor verdadero
ni debes obediencia
a nadie por tu género

Busca en otras mujeres
apoyo a tus problemas.
Hay mil asociaciones
que para ello están hechas

Obligada no estas a tolerar insultos
puedes bien distinguir lo que son vejaciones
no tienes que sufrir ya mas humillaciones.

Convéncete mujer que tú... ¡mueves al mundo!

lunes, 10 de septiembre de 2012

Comentarios


 El autor: Nahuel Dirassar
LOCALIDAD: Florida, Vicente lopez, buenos aires, argentina.

AUTORIZACIÓN: Autorizo a la Agrupación Cultural "Carmen Martín Gaite" para que publique una pequeña recopilacion de poemas de mi autoria, bajo el nombre de "Comentarios", en el blog El autor y su obra.


Su obra:
Título: “Comentarios”
Autor: Nahuel Dirassar


1.           
Mi mano fue una mosca
que chocó contra la pared azul
y cayó y cayó y cayó

2.
como tomar mate
como abrazar a Astor
como besar en el cuello a una chica imaginaria desnuda.

3.
Esta planta…
radicheta le dicen
si hubiera sido menta
si hubiera sido menta…

4.
Mi cabeza huevo chocó hacia atrás, y fue la yema desparramándose hacia abajo el piso, mi cabeza es huevo es yema, mi yema es cabeza y explota hacia atrás, como un huevo contra la puerta del ropero.

5.
Mi mano a veces es mosca y a veces mano. Lo que sí siempre cae al chocar con paredes
o al ver otras manos. Cuando mi mano sea mosca trataré de decirle que no vuele lejos, que no sea cosa de confundirla con alguna de esas mosquitas de luz que andan revoloteando por ahí en las noches y olvidarla y dejarla ir hasta no verla más.

6.
Su cara es mi nombre y su nombre es mi cara
juntos una cara, juntos una voz.

7.
Saldré vivo de ésta
pero con mil tajos en el corazón…

Se me adormeció todo el mundo.

8.
Me duermo en tu alma
dormite en mi pecho
dormite conmigo en aquel banco
como ellos dos que sonreían

9.

Es un quedarse asi y jurar no darse vuelta. En tanto la noche tambalee a mis espaldas o las biromes escriban sobre mi piel. Abrazo mi sensación sabiendo que por la noche voy a terminar dejándome. 

jueves, 24 de noviembre de 2011

Presentación entrega de premios 2011


El autor:
Inés Gorospe Tejero (Concejal de Cultura Ayto. El Boalo)

Su obra:
Presentación Clausura XI Certamen


Buenas tardes a todos y a todas.
En primer lugar quiero agradeceros vuestra asistencia a la entrega de premios de la undécima Edición del Certamen de Narrativa Corta "Carmen Martín Gaite". Una convocatoria surgida en 2001, entre otros motivos, por una razón enormemente triste, como fue la pérdida de Carmen Martín Gaite; pero que con los años, con el esfuerzo y la participación de las personas que, como vosotros, habéis asistido a este acto, se ha convertido no sólo en un motivo de alegría, sino en una forma de honrar su memoria.
En este agradecimiento me gustaría mencionar muy especialmente a Antonio y a Tomás, quienes con su esfuerzo mantienen esta iniciativa, gracias a la cual El Boalo es conocido para muchas personas de muchos rincones del mundo por albergar literatura. Lo que en un primer momento fue un certamen local, pensado para el disfrute y la participación de los vecinos y vecinas, se ha convertido con los años en una cita importante para los amantes de las palabras y para futuros escritores que, como probablemente le sucedería en su día a Carmen, sueñan con hacer aquello que más desean: escribir.
En esta edición han participado más de 1000 obras, más de 1000 creadores y creadoras  nos han contado sus historias y con los relatos cortos que han presentado, con el acto de generosidad que supone el dar a leer lo propio a alguien ajeno, recuerdan además a alguien que vivió por y para la escritura.
Esta convocatoria tiene una peculiaridad que me gusta especialmente y que creo que en este certamen se ha mantenido intacta a pesar del transcurrir de los años y es el hecho de que el concurso premia las obras y no a los autores. Es decir, se premian las palabras y lo que ellas nos sugieren y, con ello, se anima no sólo a la escritura, sino también a los lectores. ¿Porque qué sería de los libros sin ellos? ¿Y qué sería de nosotros sin literatura, sin palabras, sin memoria?
Otra cosa que me gusta del certamen es que lleva allá donde lo extiende el boca o boca, y sobre todo el arroba a arroba, el nombre, la figura y la obra de Martín Gaite, de esa mujer que ha dejado impregnadas las calles de nuestro pueblo con su poesía, sus personajes y sus anécdotas. Era una vecina que desde luego no vivía en el anonimato habitual y puede que, precisamente por ello, porque en el colegio estudiamos su obra y porque sabíamos de su relevancia y repercusión en la cultura española, la sentimos incluso más cercana de lo que, paradójicamente, sentimos al vecino de enfrente.
Podría enumerar algunos de los muchos méritos que constituyen su biografía. Mencionar por ejemplo que una jovencísima Carmen ya publicaba relatos cortos como los que hoy nos reúnen aquí, o que su etapa universitaria nos dejó excelente poesía. Cómo desde que era estudiante recibió numerosos premios por su esfuerzo y su dedicación, y posteriormente por sus obras siendo, y esto me gustaría destacarlo, la primera mujer en recibir el Premio Nacional de Literatura por El cuarto de atrás, en 1978. Un merecido galardón que desde luego no fue el único pero sí fue uno de los más significativos y es que suponía un reconocimiento pionero y excepcional hasta entonces como también lo eran el espíritu y la defensa que hacía de sus personajes femeninos, entendiendo la feminidad como forma de expresión, revindicándola y haciéndose eco de un feminismo que puede que, muchas veces, no se supiera entender. Puede que lo que no se viera entonces fuese el hecho de que Martín Gaite nos hablaba por primera vez, directamente a nosotras y lo hacía recurriendo a sentimientos, y a imaginarios que, aun pudiendo ser imposiciones culturales (como también lo es la masculinidad), al menos relataba con voz propia, desde el conocimiento y desde situaciones que nos son cercanas y, por ello, más propias y útiles en nuestro día a día.
Podría continuar citando que perteneció a la llamada generación del 55, que viajó, que investigó, que tradujo al castellano obras fundamentales de la literatura como las de Virginia Woolf, a la que parece que Carmen guiñaba el ojo cuando escribía El cuarto de atrás.  Era Woolf la que hablaba de ese cuarto propio que las escritoras no tenían y, sin el cual, no podían encontrar la calma ni la tranquilidad para escribir. Un cuarto propio del que afortunadamente Martín Gaite se apropió y gracias al cual alumbró obras cumbre de nuestra literatura como Nubosidad variable, Entre visillos, La reina de las nieves o Irse de casa.
Podría continuar citando títulos, escenas que he vivido como vosotros y vosotras a mi manera pasando las páginas de sus libros. Podría recordar cómo ella decía que prefería “lo cercano conocido a lo lejano por conocer” y así definía su amor por lo cotidiano, cotidianeidad que con su dominio del lenguaje convertía en un hecho tan excepcional y a la vez tan vacuo como es la vida misma.
Pero sobre todo, y sin alargarme más, querría por encima de todo destacar cómo Carmen Martín Gaite pasó más de cincuenta años dedicada a lo que más amaba, la escritura. Por ello el mejor homenaje que podemos hacerle hoy es leer, escribir, releer, contar y recontar historias, y así homenajear a la mujer incansable, erudita, luchadora, amable, curiosa, persuasiva, perspicaz, y genial que ella fue.
En este punto sólo me queda animar, una vez más, a la agrupación cultural que lleva su nombre a que continúe con su labor e instarles a que por favor nunca cesen en su empeño por ofrecernos oportunidades tan especiales como este certamen literario que hoy celebramos. Y digo celebramos porque la literatura es, como dicen, una fiesta a la que todos y todas estamos invitados. Muchas gracias por asistir.

miércoles, 3 de agosto de 2011

La espera de los impacientes....


Autor/es:   Participantes XI Ed. (a la espera de la decisión del jurado)


Su obra:    La espera de los impacientes....


La impaciencia vivía en un bosque azúl rodeada de árboles entre los cuales se escondían los sueños.

En las raíces gigantes e imprecisas de un ciprés se asomaba la espera,elegante y absoluta.

Cada mañana, la impaciencia saludaba, socarrona, a la espera.
-¿Qué? ¿de espera?

Ella le devolvía el saludo cordialmente y visitaba las plantas cercanas,para darles la calma necesaria.

La señora impaciencia pasaba toda la tarde intentando alborotar el bosque y al atardecer...

Se escucharon ruidos en el bosque. Era Impaciencia que corría de árbol en árbol comprobando el estado de cada sueño.

Aunque todos los árboles eran azules, los sueños que los habitaban no eran iguales. El bosque azul lo poblaban sueños recién nacidos, sueños jóvenes y juguetones, sueños ancianos y débiles, y sueños enfermos.

Desoyendo los consejos (casi siempre sabios) de Espera, Impaciencia revolvía entre los sueños, agitándolos y destruyéndolos...

Entre una piedra que vivía a los pies del árbol mas pequeño se reflejaba un arco iris.

La impaciencia no podía agitar sus colores.Sus tonos eran tan vitales y firmes que le ganaban a las sombras.

En él habitaba, jugueteando con el resto de sueños, el de Luis: convertirse en un gran escritor.

Cada día la impaciencia se pasaba por el arco iris por si alguno de sus habitantes flaqueaba en la espera y poder ganárselo para su causa.

El sueño de ser un gran escritor estaba tan escondido allí....al borde de la cascada...parecía vivir esperando que la fuerza del agua lo guiara hacia el río.

En esa tarde naranja en la que el sol reflejaba sobre la corriente,una ola lo llevó lejos.El sueño parecía atemorizado.El sueño tenía miedo pero al llegar a la orilla de las razones...algo lo sobresaltó...

El sueño,aquel que se había sobresaltado,abrió sus ojos y sorprendido fue al pié de cada árbol.

Envueltos en papel celofán,con grandes tiras azules,estaban los diplomas.Cada árbol tenía uno.Cada sueño tenía un despertar y milagrosamente el sol le había ganado la batalla a las sombras.

Colorín,colorado.........

...y la impaciencia agachó los ojos, suspiró profundamente y se marchó camino de algún otro bosque donde sembrar el desconcierto y el desasosiego que en el nuestro no ha podido lograr." ... ESTE CUENTO SE HA ACABADO. Saludos a todos y felicidades porque ya somos un poco ganadores.


(Amigos anónimos).

sábado, 19 de junio de 2010

"Perros salvajes"


El autor:
María José Navarro Ferrer

Autorizo a la Agrupación Cultural “Carmen Martín Gaite” a que publique el relato “Perros salvajes” del cual soy autora, si así lo estima oportuno.
Su obra:
Título: “Perros salvajes”
Autor: Mª. José Navarro Ferrer

El parque oscurece a esas horas de la tarde. La mujer de la gabardina roja que lo atraviesa, piensa que tiene ganas de que pase la Navidad para que los días sean más largos. No ve a nadie paseando con sus hijos o con sus perros, este dato, aunque no está comprobado empíricamente, constituye para ella una garantía de que los desconocidos no son peligrosos. Se extraña porque tampoco ve a nadie sin niños o sin perros, como si todo el mundo tuviese algo que hacer a la misma hora en cualquier otra parte.

Tanta soledad también la asusta. En el tramo final del parque hay una zona en dónde la vegetación se hace más densa. Cualquiera podría permanecer allí escondido y esperar a que alguien como ella pase para atacarla.

Aparta esos pensamientos de su cabeza, ya casi ha llegado al final así que no piensa volverse atrás. Empieza a concentrarse en cosas bonitas: la nueva decoración de su piso, el libro que le han regalado para su cumpleaños.

El ruido de unos pasos interrumpe sus pensamientos. Alguien camina muy cerca. Puede oír el crujido de las hojas secas. Se gira asustada. El individuo que anda detrás de ella es de los que no llevan niño, ni perro, ni tan siquiera novia, dato que en este momento también la tranquilizaría, sin embargo, el desconocido de vez en cuando silba.

“Está avisando a alguien para que me corte el paso”, piensa ella, mientras el corazón le late desbocado, “tranquilízate, igual son todo imaginaciones tuyas” se dice mientras acelera el paso aferrada a su bolso.

A cuatro metros por delante de ella aparecen dos tipos más, se hablan entre ellos en un idioma extraño. Está acorralada. Caminan despacio. No tienen prisa. Saben que su presa está indefensa y que no tiene escapatoria. La mujer de la gabardina roja también lo sabe. El pánico le altera la respiración. Cada uno de sus músculos se tensa.

Su flujo sanguíneo irrumpe frenético en sus venas preparando la huida. De manera instintiva, se adentra a través de los espesos arbustos que hay a su derecha. Las ramas cortan su cara y la arañan por todo el cuerpo, pero no nota el dolor, solo puede sentir el apremiante deseo de escapar. Las fuertes palpitaciones de su corazón, ahogan las pisadas de sus rastreadores. Corre como si su cuerpo no pesara, como si las ramas de los arbustos no la frenaran. Sabe que le queda la esperanza de alcanzar la calle antes que ellos.

Consigue salir del parque. La maldita calle también está desierta. Se arrastra bajo un coche antes de que los tres hombres hayan podido alcanzar a verla. La mujer de la gabardina roja puede verles las botas desde su posición. De pronto, desaparecen de su vista. Dos se dirigen hacia la derecha corriendo. El tercero hacia la izquierda andando deprisa.

“Debo tranquilizarme” se repite mientras intenta tomar aire. Le duelen las heridas de la cara. Tiene sangre en las mejillas y en la frente. Siente el frío húmedo de la tarde que se espesa. Empieza a buscar su móvil. Oye el motor de un coche que se acerca por su derecha. Es un taxi y esperanzada le hace el alto. Sube precipitada y el taxista arranca. Piensa que ha estado muy cerca de perder el control de la situación. No ve a los tres hombres desde la ventanilla del coche. La mujer se abandona a la cálida protección del asiento trasero. Reanuda la búsqueda de su móvil para hacer una llamada. Se detiene aterrada. El taxista acaba de cerrar todas las puertas del coche. Ella mira al conductor a través del retrovisor. Es uno de ellos. La mujer forcejea con la puerta que no cede. Dos hombres se acercan corriendo por la acera. Son los otros. Sonríen satisfechos de haber recuperado a su presa. La mujer de la gabardina roja siente como el sudor le empapa el vestido. Nota como su corazón se descontrola de nuevo…no puede hacer nada. Se desdibuja su aspecto humano.

A la mañana siguiente una mujer lee en el periódico: “Tres cuerpos parcialmente desgarrados y devorados han aparecido esta madrugada en el interior de un taxi en las inmediaciones del parque Mérida. Todo apunta a que el atroz suceso lo haya llevado a cabo algún animal, que en opinión de la policía científica, bien podría tratarse de una manada de perros salvajes, aunque todavía no se explican cómo pudieron acceder al interior del coche”

La mujer de la gabardina roja se fija en sus uñas cuando va a tomarse el té, “tengo que volver a pintármelas” piensa mientras ve que aún le quedan restos de sangre.



María José Navarro